jueves, 29 de septiembre de 2011
El fin del café shoemaker-levy 9
jueves, 22 de septiembre de 2011
El diario de Damen Jinxx
El diario de Damen Jinxx
domingo, 18 de septiembre de 2011
El comienzo de SHOEMAKER-LEVY 9
Era julio de 1994. Yo estaba yendo rumbo a Saturno; iba a reunirme con un amigo del planeta X para hacer un café/gasolinera en uno de los planetas del Sistema Solar.
Llegue a las 1.600 horas. Por suerte, arribé sin retrasos. Mi amigo se llamaba Martín. Él era un tipo más o menos morocho y aparentaba tener unos treinta y tantos años.
Nos sentamos en una mesa que se encontraba al lado de un gran ventanal. El café se denominaba “La última estación”. El ventanal daba al quinto planeta del Sistema Solar: Júpiter. Yo estaba casi seguro que un café/gasolinera allí daría buenos resultados, ya que, la gravedad de Júpiter atraía a los cohetes; estos hacían fuerza para que no se debieran de la ruta que tenían y esto les costaba mucha gasolina. La idea era genial.
Estábamos discutiendo esto con Martín cuando, de pronto, se escucha saltar una alarma; casi de inmediato suena una voz por el altoparlante diciendo: “Se acerca un cometa en dirección hacia Júpiter. Por razones de seguridad, se les ruega mantener la calma y dirigirse al bunker de emergencia”.
Muy disciplinadamente, todos los clientes nos dirigimos hacia el compartimiento de emergencia. Pedí que me dejaran observar el cometa, ya que, siempre había ilusionado con ver uno pero siempre llegaba tarde.
Una de las camareras me condujo hacia una ventana, que enfocaba justo a la atmósfera de Júpiter. Y allí estaba. El cometa que habían dicho que se dirigía al quinto planeta había cambiado de dirección y se iba a estrellar contra nosotros.
Sin pensarlo dos veces, agarre a Martín por la camisa y, corriendo, salimos rumbo a mi cohete. Con una maniobra evasiva, arranque el motor y me dirigí hacia Neptuno, el sentido contrario del cometa. Como yo pensaba, el cometa impactó justo en donde encontrábamos hacía apenas unos minutos. El cometa se desvió e impacto contra la atmosfera de Júpiter, rompiéndose completamente.
Cuando por fin termino la catástrofe, nos dirigimos a ver si en el café, había quedado alguien con vida. Encontramos a todos muertos: camareras, clientes, mascotas, todos los que habíamos visto hacia apenas quince minutos ahora se encontraban muertos. Cuando nos disponíamos a irnos oímos un gemido. Salimos corriendo siguiendo el llanto, hasta que, por debajo de unas chapas que habían pertenecido al techo del bar, encontramos al dueño de este. Se encontraba extremadamente lastimado y con una pierna rota. La sangre le salía a borbotones, no se lo podíamos parar. Perdía sangre con mucha rapidez.
Más rápido que la sangre, el dueño nos dijo: “El cometa con el que acaba de impactar mi hermoso café se llamaba SHOEMAKER-LEVY 9. Es un cometa que venía haciendo disturbios por toda la Vía Láctea. Me avisaron que se estrellaría, pero no les quise creer.
>>Por las dudas, he empacado un café instantáneo en mi cohete para que quedara una firma de mi glorioso arte de compactar las cosas sin romperlas. Les voy a pedir un favor. En el café no he podido evitar escuchar su charla sobre poner un bar en Júpiter. Como última voluntad les dejo mi café y les imploro que lo pongan en Júpiter, como recuerdo del cometa que azoto toda la Vía Láctea. Quiero que le pongan SHOEMAKER-LEVY 9. No les pido nada más chicos. Éxitos en su café y gracias por estar conmigo en mi final”.
Esto fue lo último que dijo el dueño.
5 MESES DESPUES:
Se podía leer en la primera plana de todos los diarios de la galaxia: “Se inaugura un nuevo café/gasolinera, llamado SHOEMAKER-LEVY 9. Se lo nombro así en conmemoración al cometa que impacto contra Saturno y Júpiter hace cinco meses atrás. Los dueños dicen que será una gran inversión: “Esperamos tener muy buenos resultados con el bar. Este fue el último deseo del difunto dueño del ex café LA ULTIMA ESTACION. Es un gran favor que le debemos a nuestro amigo. ”
Sofía
Sofía era una señora de 83 años. Ella se sentaba todos los días en su mecedora, en el porche de su humilde casa, a ver pasar a las personas y quedarse pensando que ocurría en sus vidas. Observaba las facciones de sus rostros, la ropa que llevaban puestas y con quien iban acompañados.
Sofía era canosa y con anteojos. Se levantaba a las cinco de la mañana para salir a caminar hasta el monte de su pueblo, y de allí, observaba el alba que le hacía recordar a su difunta familia. Esta había muerto en un accidente de auto en la ruta.
Al ver este fenómeno volvía a su casa, tomaba un mate cocido con tostadas y mermelada, escuchando la radio local. A las nueve de la mañana comenzaba su trabajo en el hotel, recibiendo llamadas y atendiendo a los clientes; en sus tiempos libres leía su libro favorito. En éste se registraban todos los huéspedes que pasaban por el hotel; mientras lo leía y, evaluando la caligrafía, decidía que había sido del huésped.
A la una de la tarde se detenía a almorzar el menú del hotel y a las tres volvía a su trabajo.
Cuando el reloj de la pares del hotel marcaba las siete de la tarde volvía a su casa, tomaba un baño, se preparaba su té y se sentaba en su mecedora a ver a la gente.
Todas las noches, luego de una cena sencilla, se ponía a escribir largas historias sobre las personas que había leído o visto ese día; después los guardaba en un baúl que se encontraba en los pies de su cama. Allí guardaba todos los manuscritos que alguna vez había escrito y que nunca llegarían a ser conocidos.
Pero un día pasó. Un día, Sofía se aburrió de escribir; lo interesante se volvió aburrido y, de un día para otro, dejó de escribir. No volvió a tomar una lapicera y se volvió depresiva. Ya no sonreía. Para la gente del hotel, era la edad, pero Sofía sabia que se trataba de algo emocional, yo no le parecía atractivo seguir escribiendo.
Un día mientras volvía del monte, luego de ver el amanecer, se encontró con que delante de su casa se encontraba un Volvo color plateado. Era un auto ostentoso, último modelo. Cuando la vio acercarse, se bajo de él, un tipo de cabellos dorados, un metro ochenta y buen mozo o eso lo aparentaba (Sofía tenía mucha práctica). La señora se acerco y el hombre la abrazo y se largo a llorar.
Sofía no entendía nada. Invitó a pasar al extraño joven y le ofreció un mate cocido. Cuando se calmó, el muchacho dijo:
-“Mi nombre es Ezequiel. Soy hijo de tu hermana Clara. Mi madre dijo que te encontraría por acá. La situación es la siguiente: tengo que entregar un libro, para la editorial en la que trabajo, con las historias de un autor desconocido y mi mama me sugirió a vos.”
Luego de escuchar al joven y, todavía con la taza en las manos, Sofía sonrió como hacía mucho que no lo hacía.