Esto es un blog, o no. Esto es un rincón. Este es un recoveco donde decidimos mostrar o esconder palabras. Palabras que salieron de la timidez de Florencia, la suavidad de Julieta o el huracán arrollador de Paz y Juliana. Palabras, al fin, que cada viernes inventamos, compartimos, tachamos y volvimos a escribir. Esto fue un taller... o quizás es otra historia que comienza.

martes, 8 de noviembre de 2011

El pozo tapado

Por Julii y Mery

El pozo tapado

Lukas y Leah. Eso era lo único que en mi casa se pensaba. Leah era mi hermana mayor y Lukas, su insoportable novio. Tenía 19 años y se conocieron en segundo año de secundaria. Las cosas dieron para bien y a finales de ciclo, él se le había declarado.

Los años pasaron y ellos siguieron juntos. Yo tengo 15 años. Mi nombre es Seth. Mi relación con mi hermana era perfecta. Ambos nos llevábamos súper bien y salíamos a todos lados. Ella me ayudaba a estudiar y yo en lo que podía, que, generalmente, eran las sucesivas peleas con Lukas. Ella y él se peleaban constantemente y eso a mí me enfurecía. Ella era mi hermana, no podía permitir que la lastimaran, y menos ese tonto.

Yo le había plateado varias veces que lo dejara, que lo tirara en la calle, que se olvidara de él porque la estaba lastimando; pero la tonta de ella, me decía que era pasajero (mientras me bañaba en lágrimas) y a los dos días, ella lo perdonaba y seguían juntos.

Mi madre decía que no podía interponerme entre ellos porque llevaban mucho tiempo juntos y que “tenían historia”. Mi padre, no se metía. En realidad no se metía en nada que tuviera que ver con nosotros, ya que lo veíamos pocas veces al año. Viajaba continuamente, por razones del trabajo, y las escasas veces que lo veíamos, se la pasaba o bien mirando la televisión o bien leyendo el diario. Yo no lo tenía nada de aprecio.

Los días seguían pasando y mi hermana seguía con ese tonto. Un día, que la estaba consolando, le dije que no le iba a permitir a ese mamotreto que la siguiera lastimando, así que, o terminaba con él o yo la echaba de la casa. Eso no era posible, pero en el momento sonó correcto.

Ella lo pensó y, para mi asombro, me dijo que ya lo venía analizando y que, en ese mismo momento, iba a ir a lo de Lukas para terminar definitivamente con él. Le pregunté si necesitaba que la acompañara, por las dudas; ella me dijo que, aunque parecía una endeble, se las podía arreglar con eso.

La fui a despedir a la puerta, y me dijo que cuando regresara sería una persona más libre. Por mala suerte para mí, eso nunca ocurriría.

Se hicieron las ocho de la noche y mi hermana no había vuelto. Yo cada vez estaba más nervioso, mi mama había salido con unas amigas a cenar y yo estaba solo en casa. Papá, como siempre, de viaje. Se hicieron las once, y me desesperé. Llame al celular de mi mamá para decirle que Leah no volvía de lo de Lukas. Mi madre también se puso nerviosa y, en diez minutos estaba en la puerta de casa. Los dos fuimos a la casa de Lukas. Al bajar, vimos un bulto y una figura parada en el porche de la casa. Mi mamá sofocó un grito y corrió hacia allí. El bulto no era otro que el cuerpo sin vida de mi hermana. La figura altanera, era Lukas, con los ojos desorbitados y un cuchillo ensangrentado en la otra. Yo no lo podía creer.

Mi mamá lloraba sobre el cuerpo ensangrentado de Leah y yo, no tuve mejor idea que salir a hacerle frente a Lukas. Le dije que era un demente, y que en ese mismo instante iba a llamar a la policía para que lo vinieran a arrestar y encerrarlo de por vida, por homicidio de una persona inocente. El chico estaba fuera de sus cabales y me dijo: “Vos no vas a decir nada, nene. Su algo de esto sale a luz, ya sea por tu mamá o vos, van a correr la misma suerte que esta” señaló a Leah. Yo me callé la boca, y me lleve a mi madre hacia el auto. La encerré en él y le dije a Lukas que desapareciera porque estaba por llamar a la ambulancia, les diría que había sido un accidente, que se había tropezado en el balcón de tu casa. Seríamos primos para la policía. El quedo conforme, y se puso a fingir que sufría por la víctima, para que nuestra coartada tuviera sentido. Minutos después llegó la ambulancia y se llevó a mi hermana. Al día siguiente la velamos y la enterramos en el cementerio Las Rosas.

Meses después, yo no tenía idea de la vida de Lukas. Con mamá llevábamos una vida triste, pero normal. Papá no había ni siquiera aparecido en el funeral, por lo que mi madre lo hecho de casa. Fueron unos meses muy oscuros hasta que paso lo que tenía que pasar.

Ocurrió una noche mientras volvía de la casa de unos amigos. Estaba caminando por la plaza municipal del pueblo cuando la vi. Estaba sentada en las hamacas. Ella. Hacía tres meses que no la veía. No era ella, en carne y hueso, sino su espíritu. Mi hermana, Leah, delante de mis ojos. Me los refregué, porque no lo podía creer, pero ella, con su tono de voz dulce de siempre me dijo:

Seth, no te asustes soy yo. No pude presentarme antes, porque no te quería causar algún shock, después de lo de papá. Te cuento, estoy viviendo una vida buena y bastante llevadera; no sufro, pero los extraño. Ese maldito de Lukas, al escucharme decir que quería terminar con él, se puso como loco, se dirigió hacia la cocina y, con un cuchillo en alto, dijo que no lo podía dejar, que era irrelevante. No importó lo que le dije para calmarlo, el siguió diciendo malas palabras e insultos, hasta que, en un visto y no visto, yo dejé de respirar, dejó de latir mi corazón, dejé de vivir. En estos tres meses he planeado una venganza, pero para eso necesito tu ayuda. Necesito que mañana a la noche lleves a Lukas al cementerio. Dile que quieres ver mi tumba, entonces yo haré una especie de ruidos. Fingirás que te has asustado y saldrás corriendo directo hacia casa. Yo me encargaré del resto y pasado mañana a esta hora nos veremos aquí. Entonces te contaré el futuro que le depara a Lukas. Nos vemos hermanito. Te quiero”.

Y diciendo esto, mi hermana desapareció entre las tinieblas de la noche.

A la tarde del día siguiente, fui a la casa de Lukas; este se sorprendió al verme, pero al contarle mis propósitos, y, a regañadientes, acepto a venir conmigo al cementerio. Se hicieron las siete y ya todo estaba oscuro. En la entrada del cementerio, me dijo que no me hiciera encima. Yo le dije que no tenía miedo y, para mis adentros pensé, pero pronto vos si lo vas a tener. Cuando casi habíamos arribado a la tumba de Leah se escuchó un fuerte ulular de lechuzas y un aullido de lobo. Tomando eso como mi señal, salí disparado hacia la entrada del cementerio, dejando a Lukas solo al lado de la tumba de la difunta.

Desobedecí a mi hermana y me escondí atrás de un arbusto donde podía ver perfectamente lo que pasaba. Lukas miraba un punto fijo y parecía estar petrificado. Lentamente, pude ver como el miedo se apoderaba de él. No era el chico de siempre, el terror hizo que demuestre que lo que veíamos todos los días de él, era sólo una máscara de “chico fuerte y malo que había asesinado a su novia.”

Comenzó a mirar para dos lados y, al escuchar otros ruidos que venían de la otra dirección donde estaba yo, se puso pálido. Él dijo:

-“Seth, frena ya con la broma, sal de ahí.” Él miraba a un árbol. En ese momento yo lo tenía de espaldas, y fue cuando alguien lo empujó brevemente para atrás y cayó al piso, dejándome ver como sus ojos rebozaban de miedo.

Allí fue cuando Leah apareció, con un hermoso vestido blanco que deseaba ser cubierto de sangre de su antiguo amor.

Se paró en frente de Lukas y lo observó fríamente, antes de que él corriera hacia la entrada del cementerio, hacía unos minutos.

Se frenó frente a un árbol, donde la luna lo iluminaba perfectamente. Con un simple movimiento, mi hermana se acercó hacia él. Lukas, asustado, retrocedió y se dio su brazo contra el árbol dejando correr las primeras gotas de sangre. Leah se fue aproximando lentamente hasta el punto de que su ex escucharía perfectamente su respiración, aunque no podía, ya que, al fin y al cabo, estaba muerta. Lo golpeó reiteradas veces contra el árbol y luego lo empujó al piso, dándole unos segundos para respirar.

Lukas cayó de cara y ni hizo ningún movimiento mientras estaba en el suelo. Leah lo pateó y pisó hasta que él lanzó un grito desesperado de ayuda, que fue cuando ella lo “dejó escapar”, aunque todos, menos Lukas, sabíamos que esto no había terminado.

Dejó que se alejara un poco y luego lo siguió; tratando de hacer el mínimo ruido posible y de que Leah no me viera, hice lo mismo. Los tres terminamos cerca de un río, un lugar aún más desierto y con pocos árboles, así que tuve que esconderme en un lugar bastante alejado de donde estaban Leah y Lukas. Él se fue aproximando al torrente de agua, mientras mi hermana lo seguía a unos pocos metros. Lo que pasó luego no pude entenderlo exactamente, pero vi que Leah sacaba algo de su bolsillo y se acercaba a Lukas. Intrigado por lo que pasaba, salí de mi escondite para acercarme un poco más a la escena, pero igual quedé detrás de mi hermana que me impedía ver a Lukas. Cuando quise moverme, él empezó a gritar de dolor, al mismo tiempo que el río comenzaba a tornarse rojo.

Leah lo levantó y pude ver su cara como sangraba y los cortes que había hecho mi hermana sobre él. Lo tiró y cayó cerca de donde yo estaba. Al principio temía que me viera, pero rápidamente noté que tenía los ojos cerrados. La sangre brotaba, manchándole el rostro, y convertía el pasto y todo alrededor de Lukas de un color rojo intenso.

Leah se aproximó a lo que ya parecía un cadáver, pálida, pero con una sonrisa de venganza dibujada en su cara y su vestido manchado de sangre.

Se sentó al lado de él y acercó un vidrio a su brazo, apoyando suavemente el filo y cortándolo hasta que lanzó un grito, no estaba muerto. Leah parecía disfrutar ese dolor y ver la sangre brotando del brazo y manchando su vestido blanco, tal como ella quería. Desesperado, Lukas golpeó el piso, tratando de no mover el brazo ya que solo iba a producirse más dolor. Leah sonrió. Esa sonrisa malvada solo indicaba que iba a hacer algo peor que todo lo anterior.

Clavó ese vidrio en el pecho de Lukas, justo donde estaba su corazón; éste no tuvo tiempo de al menos, gritar. Repitió la acción varias veces y, antes de que Lukas diera sus últimos respiros, posó su mano sobre el hueco de su pecho y sacó, con poca delicadeza, el corazón de su antiguo amado.

La sangre salpicaba a todos lados y su cara se llenó de ella y de alegría. El corazón seguía latiendo aun en su mano, cada vez más lento.

Ninguno de los dos estábamos seguros de sí ya estaba muerto, aun así Leah agarró a Lukas de los pelos y lo arrastró hasta el otro lado del río, dejando que las ramas siguieran lastimando su espalda y piernas. Leah tenía el cadáver en la mano derecha y el corazón en la izquierda. La seguí a unos metros de distancia tratando de que no me escuchara, aunque seguramente lo hizo de todas formas.

Al llegar empezó a hacer un pozo con sus propias manos, dejando a Lukas y su corazón al lado de ellas. Él, extrañamente, seguía respirando. En silencio, Leah dejó a Lukas en el pozo y comenzó a enterrarlo. Lo tapó por completo, menos la cara. Él abrió los ojos de repente, al mismo tiempo en el que Leah dibujaba una sonrisa de satisfacción.

Lukas intentó decir algo, pero Leah apretó su corazón, haciendo que la sangre manchara la cara de él, y que finalmente dejara de latir.

Al final, mi hermana me escuchó y tuve que salir de los arbustos. No dijimos nada; Leah me sonrió y desapareció, dejándome a mí y a la luna como testigos de lo que había pasado. Esa tarde me enteraría de lo que le pasaría al alma de Lukas. Por mí que se pudriera en el infierno.

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