Según él:
Era un día soleado como cualquier otro, nada especial. Tenía que encontrarme con mi novia, Jane, esa misma tarde, así que decidí salir unas horas antes para fumar un rato. A Jane no le gusta, pero no voy a dejarlo por ella. Así que fumo cuando ella no está para que no empiece a quejarse, odio eso. En cuanto empieza a hablar, nunca termina. No la soporto, pero tiene un cuerpo que deja sin palabras, que es lo que me mantiene atado a ella. Nada más.
No hay viento, a pesar de que es noviembre. Se puede sentir como el verano se acerca a Mar del Plata, una ciudad turística. Está llena de gente extranjera y casi era imposible caminar, sobre todo en la Avenida Independencia.
Me quedo en una esquina parado en frente a una librería cerrada. Termino el cigarrillo y enseguida prendo otro. Estoy así hasta que termino el paquete y camino unas cuadras para comprar otro. Ya sé, soy un adicto.
Cuando vuelvo a fijarme la hora, ya estaba llegando diez minutos tarde, y como no quiero escucharla quejarse hasta la noche, comienzo a correr hacia su casa. Desgraciadamente, tengo mala suerte y todos los semáforos se ponen en rojo cada vez que yo necesito cruzar.
Al principio tengo paciencia, y espero a que se pongan en verde, pero no duro mucho antes de que me canse y empiece a correr sin importar los semáforos o los autos que me pudieran atropellar.
No sé qué va a pasar en estos momentos, pero pasó. Un camión dobla en una esquina y me atropelló. Todo se nubla de repente y, cuando abrí los ojos, estoy en una habitación con paredes blancas y una pequeña luz de fondo, llego a la conclusión de que me encuentro en un hospital.
Me asusto y sobresalto hasta el punto en que casi me caigo de aquella cama extraña. Tengo cables en todos lados, una máquina que capta mis latidos y un respirador que lanza un aire frio hacia mi nariz y boca.
Pasan unos minutos y todo sigue igual, solo que yo estoy más tranquilo, ya que pude superar la muerte, porque aún estoy vivo.
Comienzo a divagar con la mirada por la habitación. Es una típica habitación de hospital con una cama vacía al otro lado de esta, una mesa al lado y las paredes blancas, el piso y las sabanas igual. Las mesas, blancas, todo blanco, sinceramente comienzo a marearme.
Cierro los ojos por un momento; no sé si me quedo dormido o no, pero cuando vuelvo a abrirlos, algo en la habitación cambia. Sentada en frente mío estaba ella, Jane. Tiene un traje de enfermera, parece que se disfrazó para poder entrar a la habitación.
No pronuncia palabra, se para y fue hasta la máquina que me daba aire y la desconecta. De repente dejo de respirar, ya no puedo.
Se dibuja una sonrisa en su rostro, al mismo tiempo en que abre un hueco en mi pecho. Realmente quiere matarme. Quise llamarla, pero no puedo pronunciar ninguna palabra:
-“Jane… Jane…- lo único que sale de mi boca fue casi un susurro casi neutro. En mi mente, estoy gritando.
De pronto, no siento más dolor, no siento nada más, solo la morfina que corre por mis venas. Mi vista comienza a nublarse, lo último que veo fue a Jane parada en frente de mi con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
Ahora sí, estoy listo para caer en un sueño profundo del que nunca creo volver a despertar.
Según ella:
Todo estaba planeado. El camionero doblaría la esquina cuando yo lo viera a él venir corriendo por Independencia, camino a mi casa. Lo llamaría y terminaría con la estúpida vida de ese miserable. Él era un cornudo que lo único que le interesaba era aprovecharse de las mujeres como si fuéramos objetos sin valor y luego, se encargada de rompernos bien el corazón.
Mi nombre es Jane y el él tan misterioso es mi supuesto novio Jake. El día en que me propuso ser su novia, fue el más feliz de mi vida. Habíamos acordado de encontrarnos en la plaza. Yo hacía poco tiempo que lo había visto pero había quedado enamorada completamente de él. Por lo que se ve, le interesé y me pidió que nos viéramos en el parque a eso de las seis de la tarde. Yo fui con ropa media atrevida, porque una de mis mejores amigas había sido su novia, y me dijo que a Jake le gustaban las cosas atrevidas.
Cuando llegué a la plaza, él me preguntó si quería ser su novia, y yo, que no soy de las que se hacen rogar, le dije que sí. No sabía que iba a ser el peor error de mi vida. Los primeros que salimos juntos, me sentí re feliz. Jake me daba todo lo que yo quería a cambio de mis encantos. Pero hace unas semanas atrás, él cambió. Ya no era el de siempre. Se mostraba más cortante. Ya no era el mismo. Una noche que se iba de mi casa temprano (raro de él), mi cerebro pensó con rapidez, y lo seguí. No se dirigía a su casa, como me había dicho, sino a otro lado desconocido. Se fumó un paquete completo de cigarrillos (odio que haga eso). Se frenó en una casa que no conocía y tocó el timbre. Bajo un par de escalones, se acomodó el pelo, y de la puerta salió un hermosa mujer de unos veinte años, tenía ceñido al cuerpo una blusa color azul y una mini-falda color blanca. Sus zapatos eran unos tacos de punta de unos 12 cm. Ni bien lo vio, se le tiró en los brazos, y él la beso como nunca me había besado a mí. Yo no lo podía creer. Salí corriendo de mi escondite sin que me vieran.
Al día siguiente, vino a mi casa y estaba más feliz. Yo intenté disimular mi enojo y seguirle la corriente. Esa noche no sé por qué lo volví a seguir, pero no fue a la casa de la noche anterior, sino que a otra, y paso exactamente lo mismo.
Las noches siguientes el hacía la misma rutina, me veía a mí y después se turnaba con una de las cinco chicas que yo había conocido las noches anteriores.
Volviendo a donde empecé, me encontraba en la parada de autobuses, esperando la llegada de Jake. Cuando lo vi acercarse corriendo por la vereda dos cuadras de donde yo estaba. Llamé al camionero y le dije que comenzara a andar. Mis cálculos son perfectos y cuando el camión se disponía a cruzar, Jake cruzó. El camión lo partió a la mitad. Gritó con mucho dolor. Yo me hice la desesperada y corrí hacia él. Llamé a una ambulancia amiga y nos llevaron al hospital. En él, un contacto mío me dejó pasar al hospital disfrazada de enfermera. Todas estas personas me ayudaron porque les conmovió la historia, y no podían soportar que un cretino como ese anduviera seduciendo e engañando a las chicas como si fueran solo pedazos de papel.
Yo entré al hospital, y me disfracé de enfermera. Un médico amigo me explicó como matarlo. Primero debía cortar sus conductos de aire, desconectando el aparato color azul. Luego debería conectarle a unos de los cables que tenía, la droga que lo haría despedirse de su vida.
Me puse mi disfraz y salí rumbo a su habitación. Cuando llegué estaba inconsciente, así que lo esperé. Luego de tres cuartos de hora, recobró el sentido, por lo que se ve, el camión lo golpeó muy fuerte. Luego de observar que me reconoció me dirigí hacia su respirador automático. Desconecté sus cables y, noté como sus ojos pedían a gritos que le volviera a conectar el aparato. No lo hice. Le inyecté la droga, y poco a poco la morfina hizo su efecto. Lentamente vi despedir la vida de sus ojos. Ese fue el final de Jake y de mi venganza.
El punto de vista de Jake lo escribió Paz, y el punto de vista de Jane Juliana.
ResponderEliminarÍdolas. Me gusta. Me gustaría hacerles devolución, algunas sugerencias. Creo que ya extraño los viernes. Beso a las dos.
ResponderEliminarla muerte sigue rondando por nuestras historias, pero parece que el espiritu navideño nos llego jaja, la proxima va a ser menos sangrienta
ResponderEliminar